En algunos momentos necesitamos motivación externa, escuchar nuevas voces, con otros puntos de vista.
Les recomiendo mucho las charlas de TED, son muy diversas y motivadoras.
En la siguiente, Tim Brown habla del Design thinking, una manera de salir del pensamiento de diseño que nos enseñan en la academia.
Estaba leyendo este post y me puse a pensar qué cosas solemos comentar entre colegas, que no son dichas dentro del ámbito académico y a las que inevitablemente te enfrentás en la práctica profesional cotidiana.
1- Preguntas
Una habilidad que hay que desarrollar es la de hacer preguntas en la reunión con el cliente. Pensar antes de entrar qué necesitaremos saber, tener claro qué material debemos requerir como condición para comenzar el trabajo (a veces esto puede ser determinante para la demora del trabajo o bien podemos ofrecer traducciones, escaneos u otros servicios que podemos subcontratar).
Hay que escuchar y preguntar, pero también prever las posibles preguntas que nos harán en la reunión. Si es la primera vez que lo hacemos, tomar nota de todo el proceso y qué se requerirá en cada etapa puede ayudarnos.
Muchas preguntas van a depender del grado de conocimiento del cliente sobre el trabajo, si es la primera vez que lo hace pueden hacernos preguntas muy básicas o raras.
El factor tiempo es algo que se negocia, de manera que podemos preguntar si es urgente y de allí ir indagando las posibilidades.
Obviamente no vamos a preguntarle al cliente cómo hacer nuestro trabajo, de qué color lo quiere, pero sí con quiénes trabajaremos (más burocracia = más tiempo = más dinero) o con qué recursos internos podemos contar.
2- Archivos fuente
Hay decisiones que debemos tomar sobre qué entregamos y esto tendrá impacto en el presupuesto. En el caso de trabajos editoriales, por ejemplo, los archivos fuente (los archivos a partir de los cuales se generan los pdf’s) tienen un costo. No se deben entregar si no son solicitados porque implica una parte del trabajo que normalmente no se presupuesta. Por supuesto esto queda a criterio del diseñador, si los incluye o no y también depende del carácter del trabajo. A veces el trabajo es el proceso mismo.
Además al entregar las fuentes se debe documentar lo que se entrega, de manera que hay que prever un trabajo extra.
3- Pre supuestar
¿Cómo hago un presupuesto? es la tan temida pregunta, que en general se reviste de ¿Cuánto cobro por x?
La diferencia entre una y otra, es que un presupuesto implica -como lo indica el término- presuponer procesos y recursos. Eventualmente y conociendo el proceso se presupone cada vez menos, claro.
Cobrar por algo es verlo como algo estático y sobre todo, pensar solo en que el trabajo que se hará es exactamente el requerimiento del cliente. Y lo primero que tenemos que pensar es cuál es la mejor solución que podemos dar a un requerimiento x.
También con el tiempo aprendemos a negociar: Por ejemplo, cuando se baja un valor tiene que estar atado a alguna contraprestación. Podemos ajustar o reducir la cantidad de entregables. Se puede dejar pendiente una parte para más adelante. De esa manera el cliente se siente más en control de lo que gasta.
Sobre los aspectos legales y cómo presupuestar hemos hablado varias veces y lo seguiremos haciendo, es un gran tema desatendido por la facultad.
4- Adelantos
Siempre, pero siempre se debe cobrar un adelanto. No es negociable. El compromiso del cliente se expresa de esa manera. El nuestro es el tiempo que ponemos. Si no cobramos adelanto y a mitad de camino sucede algún imprevisto, el único que pierde es el diseñador. Y si el trabajo es urgente, con más razón, porque quienes piden celeridad no siempre lo acompañan con seriedad y nada peor que trabajar fuera de horario para luego enterarnos que ya no se necesita… y que no se va a pagar.
Y esto es un negocio, no un hobby.
5- Bocetos
No se le muestran los bocetos al cliente. La presentación debe ser contundente, los bocetos son parte del camino que nos lleva a ese resultado.
Los clientes suelen confundirse si las opciones son muchas, pierden el foco y no ayuda a tomar una decisión.
Mostrar el proceso demuestra inseguridad en el resultado. El diseño debe sostenerse por si mismo, si es necesario mostrar el camino de migas de pan para que funcione… en realidad no funciona. Hay que dejar que el diseño hable por si mismo y en todo caso argumentar pero frente a la pieza terminada.
6- Cómo vendernos
Además de una tarjeta, sitio web y otro material de promoción, es importante poder comunicar cuáles son nuestros valores o virtudes. Incluso las que no estén vinculadas al diseño, como por ejemplo el conocimiento de algo que puede marcar una diferencia con otro que quiera postularse para el mismo trabajo. El manejo de un idioma, la afinidad con la actividad o el tipo de negocio.
En cualquier ocasión social debemos ser capaces de vender nuestro trabajo en pocas palabras. En inglés se le llama Elevator pitch -discurso de ascensor- a la breve exposición de tu trabajo o idea que puede convencer a tu cliente de que eres la mejor persona para hacerlo o de que tu idea es valiosa.
7- Capacitación
Al menos para web, es posible que la actualización del sitio requiera dar capacitación a alguna persona. Hay que contemplarlo en el presupuesto y eventualmente preparar una documentación que acompañe la capacitación.
8- Desacuerdos
No todo lo que propongamos se hará a nuestro gusto o según nuestro consejo.
Saber argumentar y convencer es un aprendizaje lento y los criterios del cliente pueden ser distintos, hay que aceptarlo.
El título universitario solo no convence, tenemos que aprender a defender nuestra ideas de manera creíble y amable. Nadie nace sabiendo, tenemos que educar a nuestro cliente en lo que no sepa o defender las decisiones que tomamos.
Incluso a veces podemos capitalizar como experiencia esa acción que no recomendamos, para saber cómo funciona en este escenario particular o para tener más argumentos contra ella.
Si la decisión del cliente puede tener impacto económico, hay que hacérselo saber, pero sin animosidad. Cada uno tiene sus criterios y es importante el respeto mutuo.
Además -y no se lo digan a nadie- a veces los diseñadores cometemos errores, parece ser que somos mayormente humanos.
Claro que no hay una biblia y cada uno tiene el derecho de hacer lo que mejor le parezca. Cuando dudamos, lo mejor es conversarlo con colegas y para al menos, tomar la decisión a consciencia.
¿Cómo llegamos a querer comprar algo que si lo analizamos racionalmente no necesitamos para nada?
Todo empezó con el sobrino de Freud, Edward Bernays, que en épocas de guerra ayudó a instalar ciertas ideas políticas. Y se dió cuenta que se podía hacer eso mismo en épocas de paz y no sólo para la política.
El caso
Después de leer la teoría de su tío empezó a experimentar y logró, por ejemplo, que las mujeres fumaran en público.
Bernays tenía como cliente a una tabacalera que lamentaba perder la mitad del mercado porque estaba mal visto que una mujer fumara en público.
Un psicólogo le explicó que el cigarrillo era un símbolo fálico, que otorga un poder masculino y sexual. Le dijo que lograría su objetivos si podía conectar el fumar con disputar el poder masculino. Bernays hizo que un grupo de mujeres encendiera cigarrillos en un evento para defender sus derechos bajo el lema Antorchas de libertad y mandó a la prensa a registrar el acto de protesta. Y logró lo que buscaba con un solo acto simbólico.
Logró que las personas hicieran algo, asociando un producto a un deseo inconsciente.
“Relaciones Públicas”
Hasta ese momento se vendía lo que se necesitaba, con estos nuevos métodos se creaba la necesidad.
Como la palabra propaganda estaba mal vista inventó el término “Relaciones Públicas”.
Así comenzó el reinado en períodos de paz, de la manipulación de masas.
Este documental de la BBC pone en contexto a este personaje. (Se supone que son 4 capítulos, pero en youtube está en 6 partes)
Un tema que tristemente no se suele abordar en la facultad es la gestión del diseño.
Antes de ponernos a diseñar, tenemos que negociar y acordar los términos dentro de los cuales nos manejaremos para ese proyecto. “Detalles” como cantidad y plazo de los pagos, tiempos de entrega (de los datos de su parte y de entregas de la nuestra), cantidad de reuniones, por ejemplo, afectan al presupuesto.
En toda universidad debería existir la materia “Legales”, para conocer las responsabilidades y limitaciones a las que nos enfrentamos una vez salimos al ruedo como trabajadores freelance (o en relación de dependencia), que traten temas como derecho de autor, contratos y facturación.
Personalmente he tenido problemas con clientes que no pagaron el saldo de un trabajo porque abandonaron el proyecto y otras calamidades. Y sin contrato de por medio es difícil sino imposible cobrarlo.
En Basekit blog comparten algunos criterios que deben cuidarse y explicitarse previamente para poder trabajar con el respeto que nuestra profesión merece.
Derecho del diseñador a exigir plazos: En los presupuestos siempre se exige el cumplimiento de un plazo de finalización del proyecto pero también estamos sujetos a la recepción de contenidos. Es habitual que esos contenidos, aprobaciones no se ajusten al plazo, el cliente demora la ejecución del diseño y somos los diseñadores los que continuamente ajustamos la agenda. Muchas veces estos ajustes y demoras constantes deben contemplarse como incumplimiento de contrato.
Si como diseñador te retrasas 2 meses en entregar un proyecto el cliente puede penalizarte, al contrario debe indemnizarte. Tenemos derecho a modificar el presupuesto si el cliente no cumple los plazos de entrega de contenidos.
Derecho del diseñador a limitar el número de revisiones: Cuando abordamos un proyecto accedemos a que el cliente revise el trabajo durante todo el proceso. Estas revisiones deben ser contempladas en un documento formal. Si esa revisión difiere del briefing inicial y nos obliga a cambiar el trabajo realizado debemos negarnos o a modificar el presupuesto. Estaríamos hablando de un cambio de enfoque ajeno a nuestra labor, es el cliente quien debe asumir ese cambio de estrategia. Es importante también establecer a priori un calendario y número finito de revisiones. Recalco, finito.
Derecho del diseñador a cobrar un anticipo: El trabajo de un proyecto de diseño es continuado, debemos hacer frente a pagos durante la consecución del trabajo. Una vez llegado a un acuerdo debemos establecer un porcentaje de adelanto sobre la posterior factura.
Derecho del diseñador a cobrar intereses cuando se demore el pago: A no ser que hayamos acordado algo distinto, se entiende que los clientes nos pagarán al entregar el trabajo, podemos especificarlo en el contrato o presupuesto. Tenemos derecho a cobrar intereses cuando ese pago se demore.
Derecho del diseñador a establecer un horario: Cualquier profesional tiene un horario que debe indicar al cliente. Fuera de ese horario el cliente no debe esperar ni exigir comunicarse en cualquier forma contigo. Si desea que trabajes fuera de ese horario o a 24/7 deberías cobrarlo.
Derecho del diseñador a la privacidad: La movilidad hoy tiene su precio, estás localizable en cualquier sitio y hora. Debe establecerse un canal de comunicación y horario adecuado. Si por cualquier motivo el cliente tiene tu número personal de teléfono y hace uso de él está invadiendo tu privacidad.
Derecho del diseñador a reclamación: Si tu cliente decide por cualquier razón abandonar el proyecto por el que te ha contratado debes reclamar una indemnización dependiendo del porcentaje de trabajo que lleves realizado.
Derecho del diseñador a negarse a ir a una reunión: Las reuniones con el cliente son también tiempo que debe remunerarse. Debe establecerse en el contrato el nº y duración de ellas, horario y lugar. Si crees que el cliente es de los que piensa que sólo su tiempo es oro añade al presupuesto el concepto reunión, seguro que por poco dinero que pongas te ahorras más de un viaje en vano. La comunicación puede hacerse hoy de mil maneras antes de una reunión personal, desde el teléfono, la videoconferencia, el mail, etc.
Derecho a dietas y desplazamientos: Si en el trabajo necesitamos desplazamientos debemos incluir ese concepto.
Derecho a baja por enfermedad: Por mucha prioridad que tenga un proyecto, mucha prisa que tenga el cliente, porque no sea fácil trabajar desde casa con Internet, por mucho que nos cueste debemos defender nuestro derecho a estar enfermos como cualquier otro profesional.
Si cumples tus deberes como diseñador seguro que te duele que no se cumpla algunos de estos derechos. La mejor forma de defender estos derechos es incluyéndolos en el presupuesto, en un contrato al inicio del trabajo. Y como buen diseñador no lo pongas en “letra pequeña” usa una tipografía clara, nosotros no queremos engañar, sólo queremos trabajar en las condiciones adecuadas. El cliente también saldrá ganando.
Porque toda frase de un cliente o proveedor oculta algún significado más allá de la razón.
En este diccionario vas a encontrar esas líneas que te complican la existencia todo el año.
La provincia de Tucumán estrena nueva identidad visual. El diseño ganador del concurso nacional Identidad Visual Marca Tucumán fue el que realizaron de manera conjunta Bernardo + Celis (Buenos Aires) y Estudio Visual (Tucumán).
Algunas de las virtudes que nos cuentan en la memoria de la marca:
Dar respuesta gráfica a la Estrategia Marca Tucumán (EMT) a partir de la definición y diferenciación de tres áreas/públicos: 1. Cultura/Tucumanos, 2. Turismo/Argentinos y 3. Negocios/Extranjeros.
Revalorización del emblema con el cual los propios tucumanos se identifican y el resto de la Nación asocia a la provincia: la Casa Histórica de Tucumán. La utilización de este símbolo recupera y celebra el rol histórico y protagónico de la provincia, además de expresar el orgullo del ser tucumano, motivo por el cual la marca posee una capacidad natural de operar como escarapela. El estilo formal del signo, anclado en un lenguaje contemporáneo y moderno permite asociarlo a una provincia líder en su región. Y a pesar de su extrema síntesis logra evocar la impronta de sus raíces precolombinas. En resumen, una marca emotiva y potencial al mismo tiempo, donde se integra el manifiesto sentir del tucumano junto a sus capacidades productivas.
La nueva imagen para la provincia no se agota únicamente en un signo marca, sino que se proyecta y potencia en un sistema de identidad y comunicación de carácter flexible y abarcador. Razón por la cual no sólo se contempló el diseño de la marca gráfica, sino también la inclusión de un repertorio de elementos gráficos para identificar y potenciar cada uno de las áreas descriptas: el espacio, el color, la tipografía, y las tramas brindan en sus diferentes combinaciones el tono y estilo adecuado a cada área/público. Dominando el espíritu local, cotidiano y emotivo para el área Cultura; el de diversión, bienestar y aventura para el área Turismo; y el corporativo, comercial y productivo para el área Negocios.
La Marca Tucumán logra una clara síntesis entre orgullo local y trascendencia fronteras afuera. La recuperación de un ícono a partir de una configuración refinada e inteligente la convierten en una marca de alta calidad gráfica, equilibrada entre lo racional y lo sensible y con gran potencial para su desarrollo en multiplicidad de escenarios.
[singlepic id=123 w=287 h=350 float=left]Diseñador a cliente
· Photoshop no es Dios. No sabe qué había más allá de lo que salió en la fotografía a la hora de sacarla. Por tanto, tampoco puede mostrar a Menganita, “que estaba ahí al lado”.
· Al equipo de Adobe le da igual que lo haya visto hacer en CSI. Una foto de movil no se puede ampliar al 1600% y que tenga calidad y definición. Da igual que el que le vendió el movil le dijera que Nokia tiene las mejores cámaras.
· El móvil es para hablar por teléfono. Cuando quiera enviarle una foto a su diseñador, use la Nikon. Si va a querer que además quede bien, use un fotógrafo.
· Esos archivos raros que hay en el CD que pone “Identidad Corporativa” no son para rellenar. Da igual que usted no pueda abrirlos, envíeme esos, y no el jpg o el gif.
· Da igual lo que le contaran en el curso de ofimática de la empresa: Powerpoint, Word o Excel no son los medios óptimos para enviarle una imagen a alguien. Ni siquiera son dignos.
· Si su diseñador le pide su logotipo, no es para que usted abra la página web de la empresa y copie el gif de cabecera. Si eso valiese, ya se le habría ocurrido al diseñador. Tampoco sirve una foto de su tarjeta de visita, que le veo venir.
· No hemos sido unos vagos a la hora de hacer su folleto. Esos espacios en blanco están ahí por algo.
· Una imagen a 72ppp cambiada a 300ppp sigue sin estar a alta resolución, sólo ha conseguido que pese mucho más. Y no, yo sigo sin poder hacer nada.
· Entiendo los colores “verde inglés”, “rojo cocacola” o “rosa chicle”. Los colores “verde dama de honor” o “azul coche moderno” son un pelín menos concretos.
· Cuando el diseñador le dice que el texto que ha enviado no entra en el espacio que tenemos, es para que reduzca el texto, no para que le cambie las comas de sitio.
Comparto con Cookieface: el logo, la marca de Google no está a la altura de la identidad de la empresa.
Y en lugar de seguir lamentándolo, podemos hacer nuestra propuesta. Es un ejercicio. O no: Cookieface promete acercarle a la gente de Google Argentina las propuestas.
¿Te animás? La fecha límite es el 6 de junio. La consigna en cookieface.com.ar.
Una característica fundamental para que un sitio sea accesible es el cumplimiento de cierta distancia de brillo y tono entre los colores de fondo y de letra.
Respetar esto para un diseñador es complicado, porque siempre estamos buscando paletas originales y limitarnos a una cierta cantidad de combinaciones nos da escalofríos.
Esta herramienta ayuda a identificar los pares permitidos, entre colores correctos para AA o para AAA, para tipo de letra normal o grande y nos da sugerencias para poder adaptar nuestra paleta.
La nueva manera de restringir la edad en las búsquedas laborales: buscamos nativos digitales. Y piden la experiencia de alguien que no lo es03:58:00 PM abril 10, 2013ReplyRetweetFavorite
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