Los diseñadores web somos ¿gallinas?

Irene 9 nov 2006 Todo 9 comentarios

Un empresario que suele contratar diseñadores web freelance nos critica diciendo que somos quisquillosos y llorones (original en inglés).
Lamentablemente creo que tiene bastante razón: muchos diseñadores no logran separar lo que hacen de su persona y se sienten heridos cuando critican su trabajo.
El último párrafo (Descarga de responsabilidad) es verdaderamente lamentable, pero el resto creo que es para escuchar atentamente.

(traducción libre)

A través de los años, tuve que padecer el placer de trabajar con muchos grandes diseñadores web. No fue sino hasta estos días que me di cuenta todo lo que ellos tienen en común:

1. Primero, nunca llegan a tiempo.

2. Segundo, son bastante quisquillosos.

3. Tercero, tienden a hacer todo violeta y rosa.

4. Cuarto, su actitud mental es: “No importa si no es funcional, mientras luzca hermoso.”

5. Finalmente, son extremadamente sensibles a la crítica.

Es este último el que incitó este artículo. Durante el reciente rediseño de este mismo foro, hice un comentario a mi diseñador sobre lo que un par de personas pensaban de uno de los colores: rosa (es broma, era verde), hacían que el sitio luciera “barato”. Luego de sus reaccionarios comentarios iniciales y una noche de descanso, apareció con los actuales colores – los cuales adoro y han recibido una amplia aceptación de nuestra audiencia.

Luego de nuestra conversación telefónica inicial con mi ahora un poco frustrado diseñador, di vuelta hacia mi esposa y dije, “¡Son todos unos gallinas!”.

“¿Quiénes son gallinas?” preguntó ella.

“Los diseñadores web”

“¿Por qué decís eso?” preguntó.

Le expliqué que cada vez que trabajé con un diseñador web, sentí como si estuvieran a punto de sufrir una crisis nerviosa y llorar en algún punto del proceso de colaboración. ¿Como me atrevía a decirle que no me gustaba el diseño, o un color en particular, o un logo sin herir sus sentimientos?

Mi esposa me recordó que el lado del cerebro que controla la parte creativa también controla las emociones. Entonces… tiene sentido que una persona creativa o un artista sea más sensible o emocional que alguien que tiende a ser más pragmático o analítico. (De paso, ella también me retó por usar el término “gallina” porque alguna gente puede creer que no es muy amable) Ok, perdón por eso.

Pero los diseñadores web necesitan ser un poco más sensibles a las necesidades del cliente. No tendrían trabajo si no fuera por los clientes, y cuando entregan fuera de tiempo o se toman una semana para recuperarse de la crítica constructiva, afectan directamente la capacidad de llevar adelante sus negocios. También agregan a los clientes un factor de frustración y no aporta a enriquecer la reputación de los diseñadores. Los diseñadores web deberían saber que un cliente vuelve si ellos son profesionales, si es fácil trabajar con ellos, entregan los trabajos a tiempo, y a satisfacción del cliente.

La conclusión es que si estoy pagando por algo, debo tenerlo en la medida que lo quiero y a tiempo. Pero, admito que puedo ser un poco más comprensivo y apreciar las diferencias que el buen Señor hizo en cada uno de nosotros. Mis diseñadores web pueden saber también que aunque puede no gustarme el color que eligieron, no significa que son malos diseñadores o que no son perfectos en cada aspecto. Escuchen, si no fuera por mis diseñadores web, no tendría sitios web tan hermosos.

Descarga de responsabilidad: a toda la gente de la Asociación Protectora de Animales, sepan que gallinas, vivas o muertas no fueron usadas en la investigación, creación o publicación de este artículo. Y a todas las mujeres que puedan estar leyendo, este artículo y el término “gallina” no es una manera peyorativa contra la mujer – ey, debo ser el primer tipo que admite públicamente que las mujeres pueden hacer lo que los hombres hacen (¡y lo hacen mejor!).

Jim Messenger

El cliente perdió la razón

Irene 24 jun 2006 Sin categoría 7 comentarios

Son contadas las veces que podemos decir: este trabajo se hizo como yo quería. Mayormente a todos nos ha pasado tener que aplicar la regla El cliente siempre tiene la razón y ver que nuestro trabajo carga con algunos cadáveres: colores espantosos, tipografías lamentables, código horrible, etc.

Sofá naranja propone un nuevo elemento para poder descargar culpas frente a los colegas que juzgan nuestros trabajos: incluir en el código el elemento <cwt> indicando que ese vómito de la naturaleza no es de nuestra cosecha.

Igualmente esto es un arma de doble filo, porque aunque es cierto que muchas veces es prácticamente imposible sacar algunas perversas ideas de las cabezas de nuestros clientes, cada una de esos monstruitos demuestran nuestra incapacidad para convencer sobre lo que creemos correcto.

La función del tag ‘cwt’ es marcar aquellas partes de tu site que, lejos de ser el resultado de un sesudo análisis, son producto de ese ente despiadado que convenimos en llamar “El Cliente”.

Es un tag que convertirá tus páginas en código no válido (aunque si necesitas usarlo lo más probable es que de todas formas no valide).

Ale Muñoz, Sofá naranja

Estaba delirando e imaginando otros casos en los que sería interesante el uso de códigos que alerten sobre estos accidentes (quizá algunos sean redundantes, claro):
CDT, Customer Did This: cuando el cliente sabe algo de html y mete mano en el código.
AIDDT, Another Idiot Designer Did this: a veces el cliente tiene secuaces que saben mucho más que nosotros, claro.
BWT, Boss Wanted This: como lo sugirieron en los comentarios de ese post, para los que trabajan en relación de dependencia.

El tarifario es el opio de los diseñadores

Irene 13 mar 2006 Sin categoría 6 comentarios

Si cuando salimos de la facultad nuestro mayor deseo es ponernos a ‘crear’, encontrar inspiración y volcar nuestro ‘arte’ sin mayores limitaciones, ante el primer presupuesto el mundo se nos viene abajo.
«¿Cuánto cobro?» «¿Habrá en algún lado una tabla que me diga cuánto cobrar?» Personalmente encuentro que los tarifarios no contemplan las diferencias desde las cuales cada diseñador trabaja ni tampoco las diferencias que cada proyecto implica.
Por ejemplo, si un diseñador considera que para un proyecto particular puede utilizar tipografías gratuitas y otro le ofrece al cliente diseñarlas él mismo, el valor sería otro (el valor como costo y el valor del producto terminado).
Parte del trabajo del diseñador es evaluar y generar un análisis de las necesidades de cada caso. Por lo tanto, una tabla con todas las variantes posibles sería tan complejo de hacer como de leer e interpretar y por lo tanto es una tarea impracticable. Existen tablas, pero reducen las variables a un punto absurdo. Les recomiendo no utilizarlas y en cambio, tomar como parte del aprendizaje de la práctica-en-el-mundo-real, la adaptación de los sistemas existentes a nuestras propias maneras de trabajar.

Uno de estos sistemas lo presenta Jorge Piazza en el último Newsletter de la udgba. Allí hace un análisis del contexto en el que se desenvuelve el diseñador y nos acerca su fórmula que se basa en el cálculo del Punto de equilibrio, tomando como referencia los valores de gestión externa, relacionados con el cliente y el proyecto en particular, y los de gestión interna, que tienen que ver con el funcionamiento de nuestro estudio (que puede ser, claro, unipersonal).

¿Pero dónde radica la tangibilidad del precio de un desarrollo de diseño? El diseñador vende soluciones. Estas soluciones lo convierten en una empresa de servicios y su servicio está medido por el tiempo y la estructura dedicada a tal fin. Esa estructura y ese tiempo aplicado sólo tienen razón de ser si el estudio está concebido como un negocio, lo cual significa pensarlo como empresa. Por más elemental que parezca el hecho de que dedicamos tiempo y estructura a armar un negocio, esto se suele contraponer a una característica muy propia del diseñador, que es la pasión. Uno de los mayores impedimentos para que un diseñador conciba su actividad como un negocio es su propia pasión por el diseño. Pasión que no debe desaparecer, pero que no puede traspasar los límites, atentando contra lo que es un negocio bien entendido.

El valor justo

Irene 14 jul 2005 Sin categoría 2 comentarios
“Los comitentes no deben poner excesiva presión en el precio y los costos, porque siempre habrá alguien -diseñador o contratista- que tomará el trabajo a cualquier precio para sobrevivir. Cuando un propietario pone demasiada presión en los costos o acepta ofertas con precios demasiado bajos, toma directa responsabilidad en los problemas que inevitablemente aparecerán.”

Esta afirmación no la hace ningún diseñador gráfico, sino el presidente de la Federación Internacional del Hormigón.
Pero sin duda sucede lo mismo en nuestra profesión y más en nuestro país, donde nunca salimos del estado de crisis.
Cuando el objetivo es obtener un precio bajo, la calidad queda en el camino y con ella incluso, el proyecto completo.
Aunque es improbable que podamos interferir en el criterio de selección de un diseñador, muchas veces recomendamos proveedores o nos piden ayuda para elegir entre varias propuestas y entonces podemos recomendar el sistema francés que Luis Grossman (arquitecto) propone como una solución posible:

En efecto, abiertas las ofertas, se practica la semisuma de la más alta y la más baja y gana la que más se acerca al resultado. Por ejemplo, si la más alta es 1200 y la menor es 800, ganará el que más se acerque a 1000 (número que resulta de dividir por dos la suma de 1200 más 800). De este modo se evitan los riesgos del precio muy bajo, que puede dejar inconclusa la obra o acarrear una serie de gastos adicionales. Lo cierto es que pocas veces pude convencer a un cliente de aplicar este sistema.

Y entonces, ¿a quién vamos a acusar? (con registración)

Aunque quizá no nos veamos beneficiados directamente, es una manera de proponer a la sociedad y al mercado nuevas maneras de pensar en el valor del trabajo.

Pido la palabra

Irene 12 jul 2005 Sin categoría 2 comentarios

Una de nuestras debilidades como diseñadores es la pobreza en nuestros argumentos a la hora de defender un proyecto.
Sostener un discurso coherente, sustancioso y claro es una tarea difícil, asi como también lo es defendernos cuando quieren menoscabar nuestra tarea.
“No es un trabajo de precisión”, “Es un trabajo a mano alzada”, “No te va a llevar más de 5 minutos”, “Yo no lo hago porque no tengo el programita”. Es evidente que todas estas odiosas afirmaciones esconden una argumentación en favor de una factura de escasos ceros.

Uso de razón es un sitio en el que podemos aprender algunas lecciones para refutar esos razonamientos.

No podremos refutar adecuadamente un argumento contrario sin desenredarlo. Más aún, la manera más simple de atacar un razonamiento erróneo (falacia) consiste en traducirlo a la forma estándar, para que su carácter defectuoso clame a los ojos de cualquier observador. Los fallos resultan así tan obvios que el oponente pudiera incluso acusarnos de distorsionar su ar­gumento. Para evitarlo, conviene ser cuidadoso en la reconstrucción y, antes de llamar la atención sobre ningún error, solicitar el auxilio del contrincante para que confirme lo adecuado de nuestro análisis: Si le he entendido bien, dice usted esto y lo otro ¿es así? Tal vez en este momento, el oponente se incline a corregir la chapuza. Nada nos impide prestarle ayuda.

Los cauces del razonamiento

Cliente -No es un trabajo de precisión (Quiere decir: lo puede hacer cualquiera, se hace rápido, no es un trabajo calificado, vale poco).
Diseñador -Es cierto, aunque pudiera parecer que sólo se necesita utilizar el software adecuado, este trabajo requiere definir con inteligencia qué areas incluir, cómo marcarlas y dónde colocar la señal. (Utilizando el dato que utilizaba el cliente en nuestra contra, extraemos la conclusión opuesta sin contradecir -en apariencia- a nuestro cliente).

No se puede persuadir a nadie a partir de premisas que desconoce o rechaza. Sería como discutir con un topo los encantos del paisaje. Si pretendemos porfiar con un nacionalista catalán no podremos convencerle de que Cataluña es España por muchas razones que aportemos para justificarlo. Cuando no se comparten los principios el debate se convierte en un diálogo de sordos. Necesitaríamos argumentar a partir de algo en lo que nuestro adversario esté de acuerdo[...]

Los cauces del razonamiento

Cliente -No te va a llevar más de 5 minutos (Es un trabajo menor, poco tiempo=poco costo, vale poco).
Diseñador -De este material depende la seguridad de su empresa, creo que los dos estaremos de acuerdo en que merece más de 5 minutos de mi tiempo (Si su trabajo es importante, requiere de mucho de lo poco -que usted dice- que mi tiempo vale).

También hay para entretenerse en el diccionario de falacias.

[Fuente html life]

Pre supuestos

Irene 19 abr 2004 Sin categoría 25 comentarios

Hay cosas que se supone uno DEBE saber y nadie te las dice.
Cuando yo empecé no tenía idea cómo hacer un presupuesto y me puse a pensar qué sería lógico y pertinente incluir. Decidí detallar el trabajo que iba a hacer. Por ejemplo en una marca, qué factores tecnológicos tengo en cuenta, qué material entrego al terminar el trabajo, etc. Es tan sencillo como decir qué es lo que voy a hacer. Parece obvio pero nunca nadie me lo dijo y de a poco fui agregando detalles. También es importante detallar qué es lo que no está incluido (ej: programación, impresión, escaneados, ilustraciones), cuáles son las etapas y cómo se va a hacer el pago.

Creo que estos consejos pueden ser muy valiosos cuando uno recién empieza como free-lancer y normalmente no tienen respuesta desde la facultad.

En el sitio de la UDGA hay un contrato tipo para sitio web, para tener como referencia a la hora de redactar el propio.
En foros del web recomiendan otro para el desarrollo web y otros modelos de contratos, ambos según la legislación Española.

Cuánto cobrar es una duda clásica.
El método más conocido propone calcular un sueldo anual en base a los gastos y al sueldo deseado (incluyendo vacaciones, aguinaldo, monotributo). En el tutorial Análisis presupuestal lo desarrollan y nos ofrecen una planilla para calcularlo. En
¿Cómo hago para fijarle un precio a mi trabajo? hay tres maneras similares de cálculo para obtener el valor en horas o días.

Otra manera de poner un número es conocer las tarifas que otros colegas cobran por un trabajo similar. Esto es útil como referencia para no quedarse fuera del mercado, pero a la larga los números no cierran. En nuestro país muchos regalan su trabajo por desesperación y esto atenta contra la calidad de nuestra producción y nuestra salud mental. Trabajar de esta manera es insostenible.

Si buscamos otra forma de pensar un presupuesto, Carlos Carpintero nos da algunos consejos que pueden replantear nuestra manera de valorar nuestro trabajo. En su artículo Algunas sugerencias sobre la gestión y relación cliente / diseñador, nos recomienda tener en cuenta el valor que suma nuestro trabajo para nuestro cliente. Además nos aconseja saber escuchar, no presupuestar en el aire, trabajar con un contrato o presupuesto detallado, cobrar un anticipo.

Hacer un buen presupuesto y/o contrato no es sólo una cuestión formal, sino que habla de cómo nos vemos como profesionales y marca la relación con nuestro cliente. Es un paso inevitable para una relación profesional seria, que beneficia a ambas partes porque deja claras las reglas del juego y ayuda a que a la larga la relación sea más cordial.


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